María la Judía, también conocida como María la Hebrea o María la Profetisa, es considerada la primera alquimista de la historia. Vivió en Alejandría durante el periodo helenístico, entre los siglos I y III, cuando la ciudad era uno de los principales centros intelectuales del mundo antiguo. Su figura se sitúa en un contexto en el que otras mujeres, como Cleopatra la Alquimista, Pafnucia la Virgen o Teosebia, desarrollaron actividad científica y política de autoridad.
No existen obras directas de María la Judía. El conocimiento de su trabajo llega a través de Zósimo de Panópolis, autor de "Los textos más antiguos del arte alquímico", que la incluye entre los autores "antiguos". Historiadores como Marilyn French, F. Sherwood Taylor y Edmund Oscar von Lippmann la sitúan en torno al siglo I, mientras que otras fuentes la retrasan hasta el siglo VIII como maestra de Demócrito.
Su aportación más célebre es el balneum Mariae, actual baño María: un método de calentamiento indirecto en el que el recipiente con la sustancia se sumerge en otro con agua caliente, lo que limita la temperatura al punto de ebullición del agua y aporta un calor suave y constante. Aunque Hipócrates y Teofrasto ya habían descrito técnicas similares, el nombre quedó vinculado a ella. También se le atribuye la invención del tribikos, un alambique de cobre de tres brazos para destilación, descrito en los textos recogidos por Zósimo.
