El filósofo y director ejecutivo Harry Halpin ha publicado un manifiesto de veinte puntos en el que llama a la comunidad programadora a rechazar el modelo de negocio de Palantir y de empresas análogas que, según argumenta, han convertido Internet en una infraestructura de vigilancia masiva privatizada y han acercado al mundo a una forma de tecnofascismo. Halpin sostiene que los ingenieros de software tienen una responsabilidad moral global, no limitada a un solo Estado, y que la red fue concebida como un sistema universal de intercambio de conocimiento sin censura.
El documento articula una crítica política que va desde la fusión entre violencia estatal y eficiencia corporativa hasta la deriva de las democracias occidentales, la fragilidad del orden unipolar posterior a la Segunda Guerra Mundial y el riesgo de una guerra nuclear táctica en escenarios como Teherán o Kiev. Halpin defiende que el anonimato es condición indispensable para la libertad de expresión y que solo el código —no la legislación— puede proteger la privacidad frente a la capacidad técnica de los Estados-nación. Propone como vía la construcción de herramientas descentralizadas que permitan a las personas organizar su vida económica y social al margen de las instituciones heredadas, a las que describe como estructuras predigitales en decadencia. El texto cierra con una denuncia de las guerras culturales como operación psicológica y de la identidad digital biométrica como próximo paso del sistema de control.
