El artículo sostiene que la plataforma móvil no venció a la web por superioridad técnica, sino por controlar el canal de distribución. El autor identifica un residuo genuino de aplicaciones que dependen de capacidades exclusivas del dispositivo —pagos UPI en India, juegos con uso intensivo de GPU, apps de reparto y herramientas creativas profesionales— pero afirma que la mayoría del software no necesita esas capacidades irreemplazables. La ventaja real de los móviles fue el control del punto de instalación y la superficie de descubrimiento, es decir, la tienda de aplicaciones y el botón de instalar.
Como prueba central, el texto señala el éxito de aplicaciones de escritorio basadas en shell web como Slack, VS Code o Spotify, que demuestran que el eje decisivo no es web contra nativo, sino la fricción de actualización. En el escritorio no hay cola de revisión ni gatekeeper, por lo que el mantenedor controla el ritmo de publicación. Las PWAs, por el contrario, fracasaron no por inferioridad técnica, sino porque Apple suprimió deliberadamente el canal de distribución en iOS: retrasó las notificaciones push web, mantuvo un soporte parcial de service workers y ocultó la función ‘Añadir a pantalla de inicio’. El artículo reconoce contraejemplos honestos —las superapps como WeChat que actúan como su propia plataforma, el regreso parcial a interfaces nativas por eficiencia energética, y la reciente apertura regulatoria en la UE— pero concluye que durante la década decisiva el cerrojo de la tienda determinó el ganador de la guerra de plataformas.
