El gobierno federal y las autoridades de Quintana Roo han implementado una estrategia para transformar el sargazo pelágico, una mancha de algas que afecta al Caribe mexicano, en un recurso económico. Tras la recolección en alta mar, estas algas ya no se consideran residuos, sino materia prima, lo que habilita su reciclaje legal. El objetivo es mitigar el impacto negativo del Gran Cinturón Atlántico de Sargazo, visible desde el espacio, que deteriora el turismo y la pesca, además de generar gases tóxicos al descomponerse.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha destacado que este modelo de economía circular convierte un problema ambiental en una fuente de ingresos. Empresas locales como CarbonWave, Sargazo Sandals y Nopalimex están desarrollando productos como cosméticos, calzado biodegradable y biogás. Sin embargo, el proceso requiere una limpieza y certificación previa debido a la presencia de arsénico en el material. Aunque el aprovechamiento del sargazo no revierte el daño ecológico causado por el cambio climático, que ha agravado la proliferación de estas algas desde 2011, esta iniciativa busca reducir la acumulación actual y futura en las playas.
