En 2009, veintitrés bisontes del Wind Cave National Park (Dakota del Sur) fueron trasladados al norte de Chihuahua para iniciar un programa de reintroducción en México. Diecisiete años después, el país supera los 600 ejemplares repartidos en tres poblaciones —con una cuarta en marcha— y la Reserva de la Biosfera de Janos acumula más de 460. El último hito tuvo lugar el 27 de noviembre de 2025, cuando se liberaron 44 bisontes (38 hembras y 6 machos) en la Reserva El Santuario, cerca de Cuatro Ciénegas (Coahuila).
Según los investigadores, bastaron nueve meses para que rebrotaran los pastos, volvieran los escarabajos peloteros, se detectaran pumas, linces y pecaríes en cámaras trampa y nacieran ocho crías. El equipo lo califica como el proceso de recuperación más rápido observado en un desierto. No obstante, los científicos piden prudencia: un estudio del Konza Prairie (Kansas) muestra que los ecosistemas tardan años en estabilizarse tras la reintroducción de un megaherbívoro.
El programa enfrenta además un reto genético. Un equipo encabezado por Domínguez-Viveros genotipó 174 animales y concluyó que la población presenta alta consanguinidad, que aumenta un 4% por generación. A esto se suma la fragilidad de Cuatro Ciénegas, un sistema de manantiales y pozas —con 23 taxones vegetales, 9 peces, 10 moluscos y 6 crustáceos endémicos— sobreexplotado por la agricultura desde 1987 y al borde del colapso tras la desecación de la laguna de Churince. Los autores sostienen que el bisonte funciona como escudo simbólico para movilizar la conservación de este enclave.
