Lotte Reiniger fue una cineasta alemana nacida en Berlín en 1899 que, con apenas 26 años, estrenó en mayo de 1926 Las aventuras del príncipe Achmed, considerado el largometraje animado más antiguo que se conserva, más de una década anterior a Blancanieves y los siete enanitos (1937) de Walt Disney. Reiniger llegó al cine casi por accidente: empezó cortando los cartones de títulos de una adaptación de El flautista de Hamelín, donde aprendió la técnica stop-motion al encargarse de las ratas de madera que no obedecían al flautista. A partir de esa experiencia, decidió dar vida a sus antiguas siluetas recortadas colocándolas sobre una placa de cristal iluminada desde abajo y filmándolas fotograma a fotograma. Entre 1919 y 1923 realizó varios cortometrajes que llamaron la atención de un banquero berlinés dispuesto a financiar una producción mayor. Reiniger dirigió la película con un equipo mínimo, construyó ella misma las marionetas de cartón y plomo con articulaciones de alambre y asumió la cámara, un dispositivo multiplano primitivo que generaba sensación de profundidad. Aunque Disney patentó una versión más compleja de la cámara multiplano en 1940, la cineasta alemana fue la primera en utilizarla de forma documentada. Algunos historiadores señalan el filme argentino El Apóstol (1917) de Quirino Cristiani como posible antecedente, pero al haberse perdido todas las copias no puede confirmarse. Sus técnicas artesanales, su dominio del cuento de hadas y su papel pionero en la animación la convierten en una figura irrepetible de la historia del cine.
Lotte Reiniger: la mujer que anticipó a Disney una década con la primera película animada
