La columnista de The Verge Victoria Song relata cómo durante sus vacaciones de verano prescindió de pantallas en sus dispositivos corporales: combinó la pulsera Fitbit Air, la Garmin Cirqa, el anillo Oura Ring 5, el sensor de glucosa Dexcom G7 y las gafas Meta sin display. En dos semanas solo recibió una notificación, una falsa alarma provocada por su gato de 20 libras al echarse sobre el sensor. Tras años de avisos incesantes, el silencio le resultó liberador.
El texto conecta esa experiencia con dos tendencias del mercado: el auge de los anillos inteligentes y el regreso de las pulseras de fitness. Explica que el modelo del smartwatch, centrado en notificaciones y triaje de comunicación, ha acabado generando fatiga de datos en los usuarios, que ahora piden dispositivos más simples. Fabricantes como Apple y Samsung, según rumores recientes, estudian lanzar wearables más minimalistas, en parte impulsados por el éxito de alternativas como Whoop.
La autora enmarca el fenómeno como una extensión del "lujo silencioso" que domina la moda y la estética, y como un símbolo de estatus: llevar un dispositivo sin pantalla transmite que uno puede permitirse ser intencionalmente ineficiente. Tras el periodo de descanso, Song reconoce que volvió a llenar sus muñecas de pantallas, pero valora el respiro como una revelación.
