Los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, establecieron una extensa red de prostíbulos públicos en sus dominios durante el siglo XV y XVI para regular la prostitución y evitar desórdenes sociales. Esta política, impulsada por la necesidad de apaciguar sus territorios tras la conquista de Granada, otorgó a figuras como Alonso Yáñez Fajardo, conocido como 'El Granadino', el monopolio de las mancebías en Granada. La iniciativa se enmarcaba en la tradición de Aragón y Castilla, donde la tolerancia de la prostitución en espacios regulados, o 'mancebías', se consideraba un 'mal menor' frente a la criminalidad. La Corona beneficióse económicamente y utilizó estos establecimientos como una 'válvula de escape' para preservar el orden. Las leyes, como la Pragmática de 1571, exigían el pago de derechos a los concejos y el control de la salud de las trabajadoras. Aunque la red alcanzó su punto álgido en ciudades como Sevilla, Valencia y Madrid, con cientos de burdeles operando, su existencia fue temporal. El panorama cambió con Felipe IV, quien, escandalizado por la vida disoluta de sus embajadores, inició en 1623 una campaña de supresión de estos lupanares, marcando el fin de esta era de permisividad estatal.
