Los reactores modulares pequeños (SMR) han tardado años en materializar las promesas de reducción de costes y aceleración en la construcción nuclear, un sector que actualmente atraviesa un retroceso global. Aunque la tecnología ofrece ventajas de seguridad y transporte, su despliegue comercial sigue siendo limitado. Según datos de Statista, solo Rusia y China operan estas unidades, con 127 proyectos en desarrollo a nivel mundial. El principal obstáculo es la rentabilidad: los SMR requieren fabricación en serie para ser competitivos, pero cada prototipo cuesta miles de millones y las licencias regulatorias son complejas. El proyecto de Ontario Power Generation en Canadá, que busca construir el primer SMR del G7, podría comenzar a operar antes de 2030, aunque aún enfrenta aprobaciones. Además, informes como el World Nuclear Industry Status Report 2026 señalan que algunos diseños pueden generar más residuos radiactivos que los reactores convencionales. Expertos como Ben Kritz advierten de que los SMR podrían estar viviendo una burbuja, mientras que la Comisión de Transiciones Energética cuestiona su viabilidad frente a las renovables, que son más baratas y rápidas de instalar, especialmente ante la creciente demanda de energía para centros de datos de inteligencia artificial.
