Los programas de recompensas de las tarjetas de crédito no son dinero gratis: se financian con los intereses que pagan quienes no liquidan su saldo cada mes, con comisiones y con las tasas de intercambio que los comercios trasladan al precio de todo lo que se compra. Un estudio de la Reserva Federal de 2023 estima que unos 15.100 millones de dólares anuales fluyen desde los usuarios menos sofisticados —con menor nivel educativo, códigos postales más pobres y vecindarios con mayor poblaciónminoritaria— hacia los más sofisticados, independientemente de sus ingresos.
En 2024, los estadounidenses abonaron más de 160.000 millones de dólares en intereses por tarjetas de crédito, la mitad de los titulares revolving soportó el 94% de esos costes y la tasa media alcanzó un récord del 25,2%. A ello se suman unos 30.000 millones en comisiones y 149.000 millones en tasas de intercambio que los comercios incorporaron a sus precios.
El artículo señala que el consejo habitual —pagar el saldo completo y aprovechar los puntos— solo funciona si otros titulares no lo hacen: si todos liquidaran a tiempo, el fondo que financia las recompensas se desvanecería. Quien arrastra deudas debería priorizar la tarjeta con la APR más alta antes que cualquier guía de puntos. También recuerda la propuesta bipartidista de Sanders y Hawley para limitar los intereses al 10% y la Credit Card Competition Act, que busca abrir la competencia sobre las comisiones de intercambio. Los bancos advierten de que las recompensas se reducirían; el texto lo lee como una confesión sobre quién paga realmente los puntos.
