Un equipo de la Universidad de Princeton, liderado por el investigador Carlos Blanco, ha llevado a cabo las pruebas más estrictas realizadas hasta ahora para comprobar si los planetas gigantes del sistema solar emiten un resplandor ultravioleta anómalo causado por la aniquilación de materia oscura en sus atmósferas. La hipótesis de partida sostiene que, cuando la materia oscura colisiona consigo misma en el interior de planetas como Júpiter, Saturno, Urano o Neptuno, puede ionizar hidrógeno molecular y generar una emisión de luz ultravioleta superior a la esperable por otras fuentes, como la radiación cósmica. Para ponerla a prueba, Blanco y su equipo han analizado las observaciones ultravioleta recogidas por sondas espaciales sobre los cuatro planetas gigantes y han buscado excesos de luminosidad que no se expliquen por fenómenos convencionales.
El trabajo, que se apoya en una idea propuesta en 1992 por los físicos M. Kawasaki, H. Murayama y T. Yanagida, ha permitido fijar una de las restricciones más sólidas en este campo y complementar a los detectores terrestres. Los autores sugieren que futuros telescopios ultravioleta podrían rastrear exoplanetas gigantes y convertirlos en detectores extremadamente sensibles de materia oscura.
