Los nuevos bibliómanos: el libro antiguo seduce a los nativos digitales

Fuentes: The new bibliomaniacs
Imagen generada por IA con el prompt: Antique book fair booth with warm amber lighting, leather-bound rare books stacked on wooden shelves, vintage maps and manuscripts in glass cases, soft bokeh background, editorial style
Imagen generada con IA

La 66ª edición de la New York International Antiquarian Book Fair (NYIABF), organizada por la Antiquarian Booksellers' Association of America (ABAA), reunió a 174 expositores internacionales en el Park Avenue Armory y registró 15.400 visitantes a lo largo de cuatro días, con 2.400 asistentes en la noche inaugural. Desde su primera edición en 1960, cuando 22 libreros ocuparon 20 puestos, la feria ha crecido un 62% en visitantes entre 2022 y 2026, en un mercado mundial del libro antiguo valorado en más de 7.000 millones de dólares, con una tasa de crecimiento anual prevista superior al 6%.

El evento, celebrado a finales de mayo, exhibió piezas que ilustran la amplitud del concepto de rareza: una primera edición de 'Michael Robartes and the Dancer' (1920) de W. B. Yeats vendida por Honey & Wax Booksellers; la chaqueta de cuero de Frank Zappa, colocada en la primera hora por Schubertiade Music & Arts; una bandeja de muestras de ojos de cristal franceses del siglo XIX de Rootenberg Books; o una edición decimonónica de la Carta Magna impresa íntegramente en oro sobre pergamino, vendida por Peter Harrington Rare Books. Ben Houston, de Peter Harrington, señala que la edad de un libro no define necesariamente su rareza: la deseabilidad y la tirada importan más.

El perfil del comprador está cambiando. Compradores y vendedores coinciden en que los menores de 35 años, criados en la era digital, buscan una conexión tangible con el pasado a través de objetos físicos. Houston lo describe como 'lo más parecido que podemos conseguir a viajar en el tiempo'. La tendencia ha impulsado el interés por las copias asociadas —ejemplares anotados por sus autores o dedicados a colaboradores— y por el coleccionismo temático, que agrupa piezas de distinta procedencia para ilustrar procesos culturales. Un ejemplo: una primera edición inglesa de 'Esperando a Godot' dedicada por Samuel Beckett a Alan Schneider, director del primer montaje estadounidense, y anotada por este como copia de trabajo.

El ephemera —folletos, pósteres, fanzines, archivos activistas—, históricamente marginado por el comercio tradicional, gana protagonismo. Daylon Orr, fundador de Fugitive Materials, especializado en historia queer, feminismo y activismo, explica que la contratación de curadores más diversos en bibliotecas y museos está redefiniendo qué se conserva. Orr subraya que muchos compradores actuales de archivos activistas no participaron en aquellos movimientos, pero los consideran hitos cruciales del siglo XX.

La presencia femenina también se ha transformado. Una de las embajadoras de la feria es Meredith Graves, exvocalista de la banda de punk Perfect Pussy y corresponsal de MTV, que colecciona libros de demonología, folklore y magia, junto a manuales textiles y patrones de costura históricos. 'Mis libros viven. Se usan... Son objetos vivos', afirma. El artículo, firmado por Kristine Roome y publicado por Engelsberg Ideas, cierra señalando cómo internet ha transformado la búsqueda y rastreo de piezas para compradores primerizos, aunque el texto queda interrumpido antes de su conclusión.