Tres de los mayores sindicatos de Europa, que representan a 12,6 millones de personas en 40 países, han pedido a la Comisión Europea que incluya medidas de protección frente al calor para los trabajadores en una nueva normativa. La solicitud llega tras el junio más caluroso registrado nunca en Europa occidental.
Las centrales proponen que la legislación europea fije temperaturas máximas de trabajo basadas en métricas científicas. Cuando se superen los 30 °C en tareas exigentes —como agricultura o construcción— o los 32,5 °C en trabajos de baja intensidad, los empleadores deberían suspender la actividad o enfrentarse a sanciones.
Según el Instituto Sindical Europeo, hasta 130 millones de trabajadores están expuestos cada año al estrés térmico en su puesto, lo que provoca unos 277.000 accidentes y 230 muertes. Las normas actuales son dispares: algunos países dejan en manos del empleador la decisión de aliviar las condiciones.
En paralelo, el Trades Union Congress (TUC) británico ha reiterado su campaña para implantar una temperatura máxima legal en el Reino Unido, donde solo existe un mínimo de 16 °C. Pide que los centros de trabajo se refrigeren a partir de 24 °C y que los empleados puedan parar cuando se alcancen los 30 °C, o 27 °C en el caso de trabajos manuales o al aire libre. Una petición del TUC supera ya las 64.000 firmas.
