Tres incendios declarados el sábado en los alrededores de Spokane, Washington, han arrasado más de 700 edificaciones y obligado a evacuar a decenas de miles de personas, mientras el centro de convenciones de la ciudad se ha habilitado como refugio de la Cruz Roja. Betsy Robertson, directora de comunicación de la organización, describe la destrucción como un nivel inédito en sus diez años de experiencia y advierte de que temporadas como esta serán cada vez más tempranas y prolongadas.
Washington atraviesa su campaña más destructora jamás registrada, con más de medio millón de acres quemados y al menos 65.000 residentes bajo orden de evacuación. Oregon ya ha batido su récord anual con cerca de dos millones de acres calcinados. El concejal Kitty Klitzke, cuyo distrito es uno de los más afectados, subraya la vulnerabilidad de los barrios: urbanizaciones con accesos limitados, terreno escarpado y abundante vegetación, donde muchos ancianos y sus cuidadores quedaron atrapados durante horas mientras las casas ardían a su alrededor.
Según los expertos, la conjunción de un invierno históricamente seco, una primavera cálida que derritió prematuramente la escasa capa de nieve y la influencia del cambio climático ha dejado el paisaje en condiciones óptimas para la ignición. La Universidad de Washington advierte de que el calor y la sequía prolongados seguirán intensificando los incendios. Además, los científicos alertan del crecimiento urbanístico en la interfaz urbano-forestal, el tipo de desarrollo de mayor expansión en EE UU y el más expuesto al fuego.
