El patrimonio de los fondos de inversión basados en principios cristianos se ha duplicado en los últimos cinco años, al pasar de algo más de 58.500 millones de dólares en el verano de 2020 a más de 115.700 millones a cierre de septiembre de 2025, según el último informe de la consultora Brightlight recogido por Cinco Días. Hace apenas tres décadas, en 1990, estos productos apenas alcanzaban los 1.500 millones de dólares, una cifra que en 2009 había crecido hasta los 16.500 millones.
La expansión coincide con movimientos institucionales de calado. En febrero de 2026, el Banco Vaticano lanzó, a través del Instituto per le Opere di Religione (IOR) y junto a Morningstar, dos índices bursátiles —el Morningstar IOR Eurozone Catholic Principles y el Morningstar IOR US Catholic Principles— concebidos como referencia para inversores católicos. El índice europeo incluye a Santander, BBVA, ASML o Hermes y excluye a multinacionales con filiales de defensa o presentes en el alcohol; el estadounidense reúne a Meta o Amazon, entre otras.
En la actualidad, Brightlight tiene identificados 166 fondos cristianos, el doble que en 2010. El crecimiento se apoya sobre todo en activos de renta variable, seguidos de renta fija. Algunos de estos productos donan parte de sus comisiones a entidades eclesiásticas. En términos de rentabilidad, el S&P 500 Catholic Values Index se ha situado por encima del S&P 500 convencional en los últimos ejercicios, en un contexto en el que los fondos ESG en sentido amplio cerraron 2025 con salidas de capital superiores a 80.000 millones de dólares.
