Los principales responsables de las empresas que desarrollan inteligencia artificial sostienen visiones opuestas sobre el impacto de esta tecnología en el empleo. Sam Altman, jefe de OpenAI, ha suavizado su discurso apocalíptico y afirma ahora que se equivocó al predecir una eliminación masiva de puestos administrativos. En declaraciones a Reuters, aseguró: "Me alegra haberme equivocado en esto; pensé que la eliminación de puestos de trabajo administrativos de nivel inicial ya habría tenido un mayor impacto". En el extremo contrario, Dario Amodei, cofundador de Anthropic, advierte de un golpe repentino y a gran escala al mercado laboral, una postura que su compañero Chrisolah ha reiterado en una reciente conferencia en el Vaticano.
Mientras los líderes del sector debaten, las empresas que apostaron por recortar plantilla para sustituir empleados por IA empiezan a recibir facturas elevadas. El director de operaciones de Uber reconoció que los costes de IA son difíciles de justificar tras agotar el presupuesto anual antes de tiempo, y Microsoft ha reducido sus licencias de Claude Code, según The Verge y Fortune.
Paradójicamente, la demanda de ingenieros de software ha crecido un 18% en el último año según Indeed, mientras el empleo total cae un 4,3%. Más código generado por IA implica más necesidad de revisores, auditores y expertos en ciberseguridad, perfiles cada vez más escasos.
La generación Z es la más afectada por esta incertidumbre. Una encuesta de Gallup muestra que su entusiasmo por la IA cayó 14 puntos en un año, y otra de Writer revela que el 44% de estos jóvenes admite sabotear los planes de implementación de IA en sus empresas, frente al 29% del conjunto de la plantilla.
