A pesar de la drástica reducción de quioscos en España, que ha pasado de más de 20.000 en el siglo XX a menos de 4.000 hoy, las colecciones de quiosco mantienen un mercado sólido. Este fenómeno, que en los años 90 y principios de los 2000 representaba una de las vías de acceso más populares a la lectura, ha experimentado una transformación en su distribución y consumo. La crisis de la prensa diaria ha afectado al sector, pero las colecciones han logrado adaptarse, ofreciendo a los consumidores una alternativa tangible y visualmente atractiva en una era digital.
El éxito de este formato se debe a su capacidad para generar FOMO (miedo a perderse algo) y su valor estético. Estudios recientes indican que el 78% de la población española ha comprado alguna colección, aunque solo el 65% la ha completado. La venta se ha desplazado hacia el descubrimiento casual en el quiosco, donde los clientes valoran la presencia física de los productos. Aunque el mercado ha caído desde su punto álgido en 2008, con 300 millones de euros anuales, sigue siendo un sector rentable para los distribuidores. Las colecciones actuales se centran en libros clásicos, maquetas vintage y audiocuentos, adaptándose a las nuevas preferencias de los lectores que buscan objetos coleccionables de bajo coste y alto impacto visual.
