El tai chi es una disciplina de origen chino que combina movimiento lento y de bajo impacto con respiración profunda y atención plena, equiparable a una "meditación en movimiento". Investigaciones recientes respaldan su uso como complemento al tratamiento médico convencional, especialmente en la prevención y rehabilitación de dolencias asociadas al envejecimiento. Una clase típica incluye un calentamiento suave, la práctica de secuencias de movimientos (llamadas "formas") y ejercicios de qigong, un trabajo de respiración que busca relajar la mente y movilizar la energía corporal.
Para empezar, los expertos recomiendan consultar al médico si se tienen limitaciones musculoesqueléticas, observar una clase antes de inscribirse y buscar un instructor con experiencia que adapte los ejercicios al estado físico de cada alumno. La ropa holgada y el calzado flexible y antideslizante son suficientes; no se necesita equipamiento especial. Los programas de iniciación suelen durar al menos doce semanas, con clases de una o dos sesiones semanales y práctica en casa.
Desde el punto de vista físico, el tai chi mejora la fuerza muscular, la flexibilidad, el equilibrio y, en menor medida, la capacidad aeróbica. Diversos estudios han demostrado que reduce el riesgo de caídas al entrenar la propiocepción y la fuerza, y que puede aliviar el miedo a caer. Estos efectos lo convierten en una opción segura y accesible para personas de todas las edades, incluidos quienes se recuperan de una cirugía o usan silla de ruedas.
