Los beneficios del llanto emocional: qué ocurre en el cuerpo y por qué sirve

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El llanto emocional es una respuesta fisiológica exclusiva de los seres humanos, sin equivalente claro en otros animales, y su función social y reguladora ha tardado en ser reconocida por la ciencia. Las lágrimas que aparecen ante emociones intensas presentan una composición química distinta de las basales y reflejas: contienen concentraciones más elevadas de prolactina, manganeso, potasio y serotonina, lo que sugiere un papel activo en la regulación emocional.

Según explica la doctora Marina Díaz Marsá, presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental, llorar está relacionado con el descenso de la activación simpática noradrenérgica. Cuando desciende la alerta del sistema nervioso, el cuerpo puede entrar en modo parasimpático, asociado al reposo, la recuperación y el procesamiento de las emociones. En ese cambio se liberan endorfinas y oxitocina, que generan la sensación de alivio y bienestar tras el llanto.

Desde el punto de vista social, las lágrimas funcionan como una señal fiable de vulnerabilidad que reduce la agresividad del receptor y fomenta la empatía y la conducta de ayuda. Estudios de la Universidad de Tilburg muestran que observar a alguien llorar aumenta la compasión y la voluntad de ayudar en el espectador. En la práctica clínica, llorar se considera un indicador de capacidad de procesamiento emocional: en pacientes con trastornos de conducta alimentaria, por ejemplo, se trabaja específicamente en recuperar esa capacidad. En el extremo contrario, la incapacidad sostenida de llorar puede reflejar un bloqueo emocional que requiere intervención terapéutica.

El efecto del llanto depende del contexto: en un ambiente seguro produce alivio; en soledad o en un entorno hostil puede ser neutro o contraproducente. La investigación advierte además de que reprimir el llanto de forma crónica se asocia a un debilitamiento del sistema inmune y a mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, ansiedad y depresión, aunque las personas con afrontamiento represivo suelen cuidar mejor su salud. Como concluye la doctora Díaz Marsá, llorar es una herramienta de regulación del sistema nervioso que produce alivio real, siempre en su justa medida.