Los abuelos inundan a sus nietos con libros infantiles generados por IA contra el criterio de los padres
La proliferación de libros infantiles personalizados generados con inteligencia artificial está provocando un conflicto familiar silencioso pero creciente: abuelos que, con la mejor intención, regalan a sus nietos cuentos producidos por herramientas de IA que incorporan el rostro, el nombre y las experiencias de los niños, mientras sus padres se oponen frontalmente a estos obsequios. Plataformas como Imagitime, StoryWonderBook y Childbook.ai han construido un ecosistema entero dedicado a insertar menores reales en historias, alimentado por anuncios que apelan al vínculo emocional entre abuelos y nietos.
El fenómeno ha estallado en foros como Reddit, donde un usuario en el subreddit antiai relataba que su madre insistía en crear un libro de IA sobre su hija para regalarle en su cumpleaños, usando los nombres de la familia y experiencias compartidas, a pesar de la negativa expresa de los padres a que se alimentaran fotos o datos identificativos del niño en sistemas de inteligencia artificial. El testimonio ilustra una situación cada vez más habitual: los progenitos establecen límites claros sobre el uso de sus hijos en herramientas de IA, pero los abuelos los atraviesan apelando al cariño familiar.
Las quejas no se quedan en lo ético. Un padre de 41 años del medio oeste de Estados Unidos, con hijos de 7 y 3 años, explica a WIRED que ambos pequeños han recibido libros personalizados generados por IA por parte de amigos o familiares. El veredicto de los niños fue demoledor: tras una sola lectura, pidieron volver a Little Blue Truck, el clásico de Alice Schertle. El padre describe los libros de IA como demasiado largos y densos, con niños que simplemente se aburren de ellos aunque sean teóricamente los protagonistas.
Otro padre de 40 años en Los Ángeles ha recibido de su suegra hasta cuatro libros de este tipo para sus hijos de 1 y 3 años, incluyendo dos cuentos del Día de la Madre que son exactamente iguales salvo por el niño que aparece en ellos. Aunque su mujer prefiere no abordar el tema con su madre para evitar conflictos familiares, él lo considera moralmente reprobable, ya que alimentar el rostro de los menores a máquinas de IA le resulta inaceptable.
La académica Daozhi Xu, investigadora de la Escuela de Humanidades de la Universidad de Macquarie y autora de un análisis sobre el boom de los libros infantiles con IA, advierte que personalizar no equivale a enganchar. Los niños no adoran un cuento solo porque aparezca su nombre o su imagen, sino porque la historia en sí resulta interesante: los personajes, las tramas y los mundos imaginativos. Comparados con los libros escritos por humanos, los generados por IA suelen carecer de humor, de personajes memorables y de tensión dramática, apunta Xu.
El problema se inscribe en una crisis de alfabetización que hace aún más preocupante la irrupción de estos productos. Según un informe publicado en enero de 2025, cerca del 40 por ciento de los alumnos de cuarto de primaria en Estados Unidos lee por debajo del nivel básico establecido por la Evaluación Nacional de Progreso Educativo. Una encuesta de HarperCollins y Nielsen reveló que el número de padres que leen en voz alta a sus hijos está en mínimos históricos, y menos de la mitad de los adultos con menores de hasta 13 años considera que hacerlo sea divertido. Los padres de la generación Z son los más propensos a percibir la lectura como una obligación y no como un placer.
Los defectos técnicos agravan el cuadro: los libros de IA presentan errores ortográficos, narrativas incoherentes y desajustes entre imágenes y texto. Xu subraya que los abuelos y familiares que compran estos libros quizá no son conscientes de que la idoneidad por edad es uno de los criterios más importantes para elegir literatura infantil que favorezca el desarrollo cognitivo y emocional.
A estas carencias se suma otro motivo de preocupación: la opacidad sobre el uso y almacenamiento de las fotografías de los niños en las plataformas de IA, con el riesgo potencial de que se compartan con terceros o se utilicen para entrenar modelos. StoryWonderBook y Childbook.ai no respondieron a la solicitud de comentarios, mientras que Imagitime aseguró a WIRED que aplica medidas de seguridad, no comparte datos con terceros no autorizados y no los usa con fines promocionales ni de entrenamiento, y que sus libros no son simplemente generados por IA, sino editados parcialmente por un equipo creativo humano.
El fenómeno recuerda lejanamente a los Me Books que se comercializaron en televisión en las décadas de 1970 y 1980, que simplemente insertaban datos personales en narrativas preescritas. Pero la irrupción de la IA generativa ha multiplicado las posibilidades y, con ellas, los riesgos. Mientras los padres intentan proteger la identidad y la imaginación de sus hijos, muchos abuelos, movidos por el cariño y empujados por algoritmos publicitarios, parecen decididos a seguir regalando estas historias. El resultado es una pequeña batalla cultural que se libra en las estanterías de los dormitorios infantiles.
