Bajo las calles de París permanecen enterrados 427 kilómetros de tubos neumáticos que, entre 1866 y 1984, funcionaron como una suerte de Internet mecánico impulsado por aire comprimido. La red, ideada en tiempos de Napoleón III para salvar el cuello de botella entre las oficinas telegráficas y los destinatarios finales, introducía cada mensaje en una cápsula metálica de 6,5 centímetros de diámetro que era empujada o aspirada por compresores a velocidades próximas a 40 km/h.
En su apogeo, el sistema conectó unas 130 oficinas en la capital, con una prolongación hasta Neuilly-sur-Seine, y movió decenas de millones de envíos anuales. Los populares "petits bleus", bautizados así por el color azul de sus formularios, fueron empleados por la administración francesa, el Parlamento, abogados y empresarios. Uno de ellos resultó clave para esclarecer el caso Dreyfus, al demostrar que el verdadero espía era otro oficial.
El teléfono, el télex y el fax fueron desplazando al servicio, cada vez más costoso de mantener. El 30 de marzo de 1984, a las cinco de la tarde, la red dejó de funcionar definitivamente. Retirarla habría supuesto abrir buena parte del subsuelo parisino para eliminar una infraestructura que ya no molestaba, así que la inmensa mayoría de los tubos sigue todavía bajo el asfalto, compartiendo espacio con conducciones de agua, gas, electricidad y fibra óptica.
