El dispositivo Looki L1, un wearable con cámara 4K y tres micrófonos que graba automáticamente fragmentos del día a día del usuario para generar un diario automatizado mediante inteligencia artificial, llegó al mercado alemán a un precio de 221 euros. Fabricado por una empresa canadiense, almacena los datos cifrados en sus 32 GB internos y, opcionalmente, en la nube de Fráncfort, donde según el fabricante se eliminan a las 24 horas y no se usan para entrenar modelos. En el papel, el dispositivo se presenta como respetuoso con la privacidad: cuenta con un piloto luminoso de grabación, un aviso sonoro —'Video recording'— y filtros para evitar contenido sensible.
Sin embargo, la redacción de c't 3003 detectó en su prueba varios problemas relevantes. El piloto luminoso y el volumen del aviso se pueden desactivar en los ajustes, lo que permite grabar a personas sin su consentimiento. El gran modelo de lenguaje integrado solo procesa los clips en inglés, francés, español y mandarín, una limitación fácilmente subsanable. Además, la grabación permanente de audio y vídeo en espacios públicos y privados resulta jurídicamente muy problemática en Alemania.
El análisis describe al Looki L1 como el ejemplo más benigno dentro de una nueva categoría de wearables con IA —junto a pinzas o gafas— en la que también trabaja OpenAI, y advierte del riesgo de normalizar dispositivos que registran la vida cotidiana de forma continua.
