Un estudio de la Universidad de Minnesota ha determinado que la ingesta de arándanos por parte de lobos favorece significativamente su germinación. Las semillas digeridas por los depredadores germinaron en un 96 % de las muestras, frente al 69 % de las semillas no digeridas, y lo hicieron con mayor velocidad, alcanzando la mitad de las plantas en 19 días en lugar de los 26 días requeridos para las semillas intactas. El mecanismo propuesto es la escarificación química y mecánica de la cubierta de la semilla durante el paso por el intestino, lo que facilita la absorción de agua y la activación de las señales de germinación. El experimento, realizado con cinco excrementos frescos de lobo del norte de Minnesota, analizó 802 semillas digeridas y 484 semillas silvestres en condiciones controladas durante 60 días. Aunque otros animales como zorros y coyotes pueden mejorar o reducir la germinación según la especie, los lobos parecen tener un efecto positivo. Alex Gross, primer autor del estudio, sugiere que esta capacidad de dispersión a larga distancia podría ayudar a los arándanos a colonizar nuevos hábitats. Sin embargo, la hipótesis requiere validación con muestras más grandes y estudios en el campo, ya que aún no se ha medido con precisión el tiempo de permanencia de la semilla en el sistema digestivo del lobo. Este hallazgo refuerza el papel ecológico del lobo no solo como depredador, sino también como dispersor de semillas.
