Lo que siento por la IA: sorpresa, miedo y rabia

Fuentes: How I feel about AI

Un desarrollador de software comparte en primera persona un balance emocional sobre el impacto de la inteligencia artificial. Siente sorpresa por el rendimiento de las redes neuronales y los modelos de lenguaje, que generan texto token a token sin un algoritmo interno de planificación y, aun así, producen respuestas con apariencia de razonamiento. Teme un desenlace catastrófico: el argumento de Eliezer Yudkowsky sobre una superinteligencia que inevitablemente destruiría a la humanidad le parece sólido, y lamenta que no se intente en serio aislar estos sistemas porque resultan demasiado útiles cuando tienen acceso a herramientas e internet.

Expresa repulsión hacia las empresas de IA, cuyos rastreadores y agentes dificultan cada vez más sostener comunidades abiertas en la web, como foros y wikis, que quedan desbordados como si de una plaga de langostas se tratase. Le entristece la situación de los artistas, que ya sacrificaban mucho por su oficio y ahora compiten con contenido generado por IA de forma más barata y rápida. Critica la incapacidad del sistema político para controlar el poder del capital, en un contexto de destrucción ambiental por el consumo voraz de recursos de estas compañías. Por último, se reconoce feliz por vivir esta era de descubrimientos: la práctica del desarrollo de software se transformó de forma radical y definitiva en 2026, y la IA le permite generar código, imágenes y música que de otro modo no existirían. Concluye que el balance es positivo en lo tecnológico y sombrío en lo societal.