Esta semana tiene lugar el pico de las bootidas, una lluvia de estrellas que se extiende del 22 de junio al 2 de julio y cuyo máximo suele registrarse en torno al 27 de junio, con la noche del sábado como momento más propicio. Se trata de la lluvia más impredecible del calendario astronómico: en condiciones normales apenas produce 1 o 2 meteoros por hora, frente a los 50-100 de las perseidas o los 120-150 de las gemínidas. Sin embargo, cada cierto tiempo experimenta estallidos equiparables a las perseidas, como ocurrió en 1916, 1998 y 2004, sin que exista un patrón regular. Su nombre procede de la constelación de Bootes, desde la que parecen radiar los destellos. Sus meteoros se desplazan a unos 18 km/s, una velocidad muy inferior a los 59 km/s de las perseidas y los 35 km/s de las gemínidas, lo que permite apreciarlos con mayor detalle. La causa de su comportamiento errático reside en la influencia gravitatoria de Júpiter sobre los residuos del cometa 7P/Pons-Winnecke, que en lugar de formar una nube homogénea se distribuyen en hilos de distinta densidad. Astrónomos estiman que el siguiente estallido del hilo conocido podría producirse en 2037, aunque no descartan la existencia de filamentos no identificados que sorprendan antes. Para observarlas se recomienda alejarse de la contaminación lumínica, prescindir de telescopios y fijar la vista en el cielo a partir de la medianoche.
