Los agentes de código actuales, como Claude Code y Codex, presentan deficiencias estructurales que limitan su utilidad en flujos de trabajo de desarrollo. A diferencia de los modelos de lenguaje grandes (LLM), que generan texto, los agentes actúan como la interfaz que conecta estos modelos con los sistemas operativos y las bases de código. El autor identifica cuatro problemas principales: la incapacidad para gestionar tareas en paralelo, la falta de delegación eficiente entre modelos, la desconexión de las propias capacidades del agente y la mala comunicación de planes. Por ejemplo, un agente puede dividir una tarea compleja en subtareas y ejecutarlas secuencialmente en lugar de paralelizarlas, lo que ralentiza el proceso. Además, no delegan automáticamente tareas a modelos más baratos o especializados, requiriendo la intervención manual del desarrollador. También muestran una falta de autoconciencia, buscando información externa para explicar sus propias funciones, y presentan problemas de seguridad, ya que a menudo ignoran las restricciones de acceso y exponen claves privadas. Estos factores hacen que los agentes sean menos eficaces de lo prometido, convirtiendo la gestión de tareas en un cuello de botella para la productividad.
