En el corazón de East London, una casa de seis pisos frente al agua se ha convertido en el símbolo de una nueva generación de fundadores británicos que rechazan la cultura del exceso de Silicon Valley. Se llama Lift House —también conocida como London Island Founder House— y, según sus residentes, representa una apuesta deliberada por construir empresas tecnológicas exitosas sin replicar el bullicio, las fiestas desmedidas ni las jornadas laborales maratonianas típicas del ecosistema californiano.
El impulsor del proyecto es Rowan Aldean, de 26 años, que vendió su empresa anterior por millones el año pasado y ahora dirige una startup de inteligencia artificial aplicada desde la propia casa, dedicada a enseñar a otras compañías a desplegar agentes de IA. Junto a él conviven su esposa Zahraa, de 22 años, candidata a doctorado en investigación farmacéutica, y otros cuatro fundadores: David Amor, de 28, especializado en coaching cerebral para líderes empresariales; Luke, de 27, cofundador de una compañía de marketing con IA; su socio Varun, también de 27; Presence Plumb, de 25, estratega tecnológica; y Wan Ying L., de 25, que acaba de dejar una startup de IA para trabajar en una nueva idea. El alquiler que pagan no ha trascendido, pero según explicó Aldean a TechCrunch, los residentes compran su propia comida —aunque suelen cocinar juntos— y se reparten las tareas de limpieza.
Lo que distingue a Lift House de las decenas de casas hackers de San Francisco es su enfoque en el bienestar y el equilibrio. Los domingos, el grupo practica journaling —llevar un diario personal— siguiendo una iniciativa de Amor: cada uno registra cuántas horas pasó en la naturaleza, cómo comió y cuánto ejercicio hizo. Los martes hay partido de voleibol en una liga local. Algunas noches, después de cenar, alguien toca el piano en el salón, se juega al Catan o se visitan exposiciones de arte. Plumb organiza además cenas en la azotea con invitados del ecosistema: fundadores, investigadores, inversores y operadores que charlan sobre tendencias tecnológicas.
El contraste con Silicon Valley es deliberado. Aldean explicó a TechCrunch que no espera que los eventosperformativos y exagerados que proliferan en la Bahía —fiestas ilegales en almacenes, galas opulentas o sprints de 72 horas propios de la cultura '996'— tengan cabida allí. Como ejemplo de que el enfoque británico funciona, señaló a DeepMind, una de las compañías británicas de IA más exitosas, ganadora de un premio Nobel, que ha alcanzado la excelencia sin necesidad de exhibicionismo. Esa filosofía responde, según los propios fundadores, a una presión cultural muy diferente a la estadounidense: los británicos deben lidiar con la aversión al riesgo, una inclinación hacia la humildad y la vergüenza asociada al fracaso. Los inversores y emprendedores lo describen como el 'síndrome de la amapola alta', cuando los medios encumbran a alguien solo para derribarlo sin piedad si tiene demasiado éxito.
El fenómeno forma parte de una tendencia bautizada como 'Londonmaxxing', en la que los fundadores intentan optimizar todo lo que el ecosistema londinense ofrece. Los datos respaldan el momento dulce que atraviesa la capital británica: según Dealroom, las startups londinenses de IA han recaudado 12.000 millones de dólares en lo que va de 2026, de un total de 14.700 millones captados por todas las startups de la ciudad. Seis compañías han levantado más de 500 millones cada una: Wayve, Superintelligence, ElevenLabs, Recursive, Ineffable Intelligence e Isomorphic Labs —las tres últimas fundadas por exempleados de DeepMind—.
Luke y Varun, por su parte, evitaron en gran medida el capital de riesgo aprovechando los programas fiscales SEIS y EIS del Gobierno británico, diseñados para atraer inversión ángel a startups locales. 'Hay gente que paga básicamente el mismo tipo impositivo si nos da el dinero que si paga IRPF', explicó Luke, que considera Londres una elección sólida para un fundador en fase inicial por su red de contactos, sus oportunidades de capital temprano y la posibilidad de tener vida fuera del sector tecnológico. Para Amor, la diversidad de la ciudad es su mayor activo: 'Siempre encuentras algo divertido con lo que involucrarte, ya sea un club de fundadores, eventos de bienestar o noches de jazz'.
Plumb resume el sentir general: la gente en Londres es 'más tranquila, equilibrada y auténtica', y rechaza el 'espíritu de hermano startup' exacerbado. Aldean coincide y recuerda con ironía su paso por una hacker house en la Bahía, donde todos los escritorios miraban a la pared en señal de máxima concentración, pero donde a la vez circulaban rumores sin cesar. 'Aquí no existe eso de 'Dios mío, ¿te enteraste de que el CTO hizo esto?'', bromeó. La diferencia, resume con una sonrisa, también se nota en lo más cotidiano: 'Tomamos té juntos como británicos, mientras que en San Francisco solo beben café filtrado'.
