Las licencias de software reflejan los valores de quienes las eligen: adopción masiva,copyleft o ánimo de lucro, entre otros. Pero también pueden usarse con un propósito lúdico. Un ejemplo conocido es la licencia JSON escrita por Doug Crockford, que añade al MIT la cláusula "El software se usará para el bien, no para el mal". El añadido es jurídicamente dudoso porque "bien" y "mal" no se definen, así que resulta inaplicable y disuade a abogados corporativos. Aun así, su autor reconoce que el objetivo era señalizar valores y provocar conversación, no ser ejecutable.
La autora del artículo aplica la misma lógica al elegir licencia para su lenguaje de programación Hurl, presentado en SIGBOVIK 2024. Como el proyecto nació como broma pero quiere permitir usos educativos, recurre a la triplicación de licencias: AGPL para obras derivadas con la misma licencia, una licencia comercial para quien quiera monetizarlo, y la Gay Agenda License (GAL), inspirada en el humor y en los valores del proyecto. La GAL es una variante del MIT que exige atribución, defender los derechos LGTBQ+ y decir "be gay, do crime" durante el uso del software; quien apoye restringir esos derechos pierde la licencia.
El sitio gal.gay ofrece el texto completo y permite copiarlo. La propia autora admite en una sección de preguntas frecuentes que la aplicabilidad real es desconocida y que la ambigüedad es un problema evidente, por lo que recomienda usarla en proyectos sin ánimo serio. El caso ilustra cómo el licenciamiento, además de un instrumento legal, puede ser un espacio de expresión personal y comunitario dentro del software.
