LibreOffice 26.8, publicado el 26 de agosto, se convirtió en la actualización más popular de la historia del software, con más de un millón de descargas del instalador en una semana, sin contar las actualizaciones a través de repositorios de distribuciones Linux. The Document Foundation (TDF), la organización que gestiona el proyecto, atribuye parte de este éxito a un factor inesperado: la declaración oficial de que LibreOffice no incorpora funciones de inteligencia artificial generativa por motivos de privacidad.
Un día después de celebrar el récord, TDF publicó un artículo titulado "Yes, no AI is now a feature", firmado por Italo Vignoli, en el que detalla los principios que deben cumplir las herramientas de IA para ser incluidas por defecto en el paquete ofimático: ejecución controlada por el usuario, ausencia de envío de datos fuera del equipo sin autorización, ningún tipo de telemetría, dependencia nula de un único proveedor, compatibilidad total con formatos abiertos y carácter completamente opcional. Hasta que se cumplan estos requisitos, la fundación recomienda recurrir a complementos comunitarios para integrar IA.
El texto matiza que TDF no rechaza la inteligencia artificial en bloque, sino que considera que la tecnología actual no alcanza esos estándares. Además, señala que el enfoque diferenciado de LibreOffice apenas depende de la tecnología en sí, y critica veladamente a competidores que han integrado IA de forma agresiva, sugiriendo que los asistentes inteligentes suelen justificar subidas de precio y reforzar el control de los documentos dentro de ecosistemas propietarios. El movimiento confirma que existe un nicho de mercado para alternativas sin IA integradas por defecto.
