El papa León XIV aprovechó su visita a España para lanzar un discurso de marcado contenido político y social centrado en la defensa de los inmigrantes y la crítica a la ola ultraderechista que, según denunció, recorre el mundo. Robert Prevost, emigrante que vivió en Perú y España antes de residir en un tercer país, visitó un muelle de Gran Canaria donde llegan pateras, se reunió con medio millar de supervivientes del paso del estrecho en Tenerife y acudió a una cárcel, actos con los que evidenció su intención de intervenir en los debates más candentes de la actualidad.
El pontífice reclamó una acogida respetuosa para los inmigrantes con posibilidades reales de integración, pidió a gobiernos e instituciones el rescate de las víctimas de las mafias en el Mediterráneo y condenó la discriminación por origen nacional, étnico, religioso o lingüístico, en un mensaje que chocó con la política antiinmigración defendida por Vox y la Unión Europea. En el Parlamento español, sus señorías le tributaron un prolongado aplauso, pese a la reprimenda papal por la polarización y la falta de respeto en los debates, reprimenda que apenas 24 horas después fue ignorada en la sesión de control al Gobierno.
El artículo, de tono editorial, recuerda la labor de la ONG Open Arms, cuantificada en unas 73.000 vidas salvadas, y cuestiona la esquizofrenia de los votantes católicos ante un papa que defiende posiciones cercanas a la socialdemocracia, contrarias a la doctrina de la extrema derecha y, en parte, también de la derecha tradicional europea.
