Este artículo explora la obra de la escritora turca Leylâ Erbil, una figura que inicialmente fue pasada por alto por el autor, Kaya Genç, en favor de la literatura postmoderna de autores como Julian Barnes y Umberto Eco. Erbil, perteneciente a la generación modernista turca de la década de 1950, se caracterizaba por su estilo autobiográfico, su exploración de temas tabú como la sexualidad y la moralidad de la clase media, y una forma de escritura experimental que incluía el uso de una puntuación distintiva, conocida como “signos de Leylâ” (la ausencia de mayúsculas y el uso de triples comas para forzar pausas reflexivas). Inicialmente, Genç la consideró una figura anacrónica y autoindulgente, contrastando con la aparente objetividad y el rigor académico de los autores que admiraba.
Sin embargo, años después, al reexaminar su obra, particularmente su novela experimental en verso What Remains (2011), Genç comprendió la importancia de Erbil. Su enfoque experimental no era una mera exhibición de individualidad, sino una forma de desafiar las convenciones literarias turcas y abordar temas políticos y sociales urgentes. Erbil, a través de su autoficción, fusionaba su vida personal con la historia y la política de Turquía, creando una literatura que trascendía la mera introspección.
What Remains es un ejemplo clave de este enfoque. La narradora, Lahzen, recorre Estambul, observando la ciudad como una serie de capas históricas, revelando traumas pasados como el genocidio armenio, las masacres de Dersim y la discriminación contra minorías. Lahzen ve la ciudad a través de una lente de erasures, de recuerdos reprimidos y olvidados, que se manifiestan en las piedras y los muros de Estambul. La novela utiliza un estilo de flujo de conciencia que incorpora tanto experiencias personales como eventos históricos, y contrasta la memoria con intentos de supresión a través de medicamentos.
La obra de Erbil, aunque inicialmente percibida como excéntrica, se revela como una poderosa herramienta para la reflexión política y social. Su legado inspira a autores contemporáneos a explorar la autoficción como un medio para conectar la experiencia individual con la historia colectiva, y a cuestionar las narrativas oficiales de la nación. El artículo concluye que ignorar a Erbil fue una forma de evitar la responsabilidad de confrontar la propia identidad y la complejidad de la historia.
