Las ruinas de St. Thomas, un antiguo pueblo de Nevada fundado por pioneros mormones en 1865, han vuelto a emerger del lago Mead como consecuencia de la prolongada sequía que azota el suroeste estadounidense. En agosto de 2026, el mayor embalse de Estados Unidos ha descendido hasta unos 317 metros sobre el nivel del mar, prácticamente su cota más baja desde que empezó a llenarse hace cerca de 90 años, y un sendero de unos cuatro kilómetros permite ya recorrer a pie los cimientos del hotel Gentry, las escaleras de la escuela o la chimenea de la antigua heladería Hannig.
El pueblo, que llegó a tener unos 500 habitantes, escuela, oficina de correos, hotel e incluso una heladería, quedó abandonado en 1938 al quedar sumergido por las aguas del lago Mead tras la construcción de la presa Hoover, autorizada por el Congreso en 1928 mediante el Boulder Canyon Project Act. El último vecino en marcharse fue Hugh Lord, encargado de un garaje, que salió el 11 de junio de 1938 en barca tras prender fuego a su casa.
Durante décadas St. Thomas fue un pueblo fantasma submarino al que solo se podía acceder buceando, aunque sus ruinas reaparecieron temporalmente en 1945, 1963 y 2002. Desde el año 2000, el nivel del lago ha caído alrededor de 43 metros por la sequía, y las previsiones federales apuntan a que seguirá bajando. El retroceso del Mead, que abastece a unos 40 millones de personas en siete estados, territorios tribales y México, ilustra la magnitud de la crisis hídrica que afecta a la región.
