La FIFA ha implantado por primera vez en un Mundial tres pausas de hidratación de tres minutos cada una, programadas hacia los minutos 22 y 67 de cada partido del torneo que se celebrará en Estados Unidos, México y Canadá, independientemente de las condiciones meteorológicas. La medida, presentada oficialmente como una iniciativa de protección de los jugadores frente al calor extremo, ha provocado críticas de aficionados y jugadores como Virgil van Dijk, que consideran que interrumpe la fluidez característica del fútbol.
La controversia se amplifica por las cifras económicas que rodean al torneo. Solo los derechos de televisón aportarán unos 3.900 millones de dólares, y la publicidad y los patrocinios añadirán otros 1.800 millones. El torneo inyectará cerca de 10.500 millones en el mercado publicitario global en 2026 según WARC Media. Expertos citados estiman que Fox ingresará unos 250 millones de dólares en anuncios emitidos durante estas pausas en Estados Unidos, lo que ha llevado a aficionados como Ghazi Saoud a calificarlas de "pausas publicitarias encubiertas".
Historiadores del deporte como David Goldblatt y el profesor Mark Dyreson, de Penn State, interpretan la decisión como un paso más en la "americanización" del fútbol y en su creciente comercialización, una tendencia que sostienen ya se observó en Qatar 2022, donde se generaron 7.500 millones de dólares en el ciclo 2019-2022. La FIFA rechaza esa lectura y defiende que los contratos televisivos se firmaron antes de anunciar las pausas en diciembre de 2025, achacando la medida a las quejas de los jugadores tras el calor del Mundial de Clubes de 2025 en Estados Unidos. Simon Chadwick, profesor de SKEMA Business School, enmarca la estrategia en la pugna de la FIFA por mantener su cuota de mercado frente a la NBA o la Fórmula 1 y aprovechar el mercado deportivo más grande del mundo.
