Las passkeys, presentadas como una alternativa más segura y conveniente a las contraseñas tradicionales, carecen de un control total por parte del usuario, según un análisis crítico de la seguridad digital. A diferencia de las contraseñas, que permiten al usuario decidir dónde almacenarlas y con quién compartirlas, las passkeys introducen una dependencia oculta hacia los proveedores de servicios, que pueden restringir el uso de estas credenciales a través de mecanismos de control centralizados.
El texto argumenta que la FIDO Alliance, un consorcio que incluye a grandes tecnológicas, gobiernos e instituciones financieras, ha impulsado la adopción de las passkeys sin la participación de grupos de defensa del consumidor. Esta iniciativa se presenta como una solución a la inseguridad de las contraseñas, pero ignora que la autenticación de dos factores mediante códigos TOTP (Time-Based One-Time Passwords) ya resuelve ese problema de manera más robusta y descentralizada. Los códigos TOTP, basados en el estándar abierto RFC 6238, permiten a los usuarios generar códigos aleatorios sin depender de aplicaciones específicas ni de la conexión a internet, ofreciendo mayor flexibilidad y privacidad.
La crítica señala que, aunque las passkeys ofrecen conveniencia al eliminar la necesidad de recordar códigos o escribirlos a mano, su diseño prioriza los intereses de los proveedores de servicios sobre los del usuario. Al no existir un estándar de defensa del consumidor en la FIDO Alliance, los usuarios enfrentan riesgos de pérdida de control sobre sus credenciales, a diferencia de los sistemas abiertos donde el usuario mantiene la soberanía sobre sus datos y herramientas de autenticación.
