Un nuevo estudio publicado en Icarus sostiene que las lunas de Urano podrían ser la prueba más directa de que el sistema solar albergó en el pasado planetas gigantes que fueron expulsados al espacio interestelar. La investigación, basada en 122 simulaciones de evolución del sistema solar, refuerza la hipótesis de la inestabilidad planetaria y apunta a Miranda como la principal evidencia de ese pasado caótico.
Según el modelo de inestabilidad planetaria, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno no siempre ocuparon sus órbitas actuales: nacieron más cerca del Sol y migraron a sus posiciones presentes a lo largo de millones de años. Sin embargo, las simulaciones no logran reproducir las órbitas excéntricas de Júpiter y Saturno ni la posición actual de Neptuno sin la presencia de al menos uno o dos planetas adicionales del tamaño de Urano o Neptuno, que habrían sido eyectados durante la fase de inestabilidad.
El equipo investigador simuló 122 escenarios evolutivos y concluyó que en el 85% de ellos el sistema de lunas de Urano colapsó. Solo en una minoría de simulaciones las lunas sobrevivieron, y en todas ellas la hipótesis de los planetas perdidos encajaba con los datos observados. El trabajo señala que las lunas de Urano fueron desestabilizadas al menos dos veces: primero por el impacto que inclinó el planeta, y después por los encuentros cercanos entre gigantes.
Los autores destacan a Miranda, la luna más pequeña del sistema principal de Urano, como la candidata más clara a ser un cuerpo reconstruido tras el caos: presenta una superficie fragmentada, es más helada de lo esperado para su tamaño y muestra actividad geológica. Una misión dedicada a Urano, como la que la NASA y la ESA evalúan para la década de 2040, podría confirmar si Miranda es efectivamente un remanente de esa etapa violenta.
