A más de cien días del conflicto, los nuevos dirigentes de Irán, formados en el fragor de la guerra, encaran las negociaciones con Washington marcadas por la experiencia bélica y por la pugna interna entre pragmáticos y defensores de la línea dura. El presidente estadounidense, Donald Trump, pasó de calificar al liderazgo iraní como "gente muy deshonrosa" a describirlo como "el grupo más racional con el que hemos tratado jamás", mientras el vicepresidente J.D. Vance asegura que altos cargos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica reconocen que tratar a EEUU como enemigo durante 47 años fue un error.
El vacío dejado por Mojtaba Jameneí, líder supremo escasamente visible, abrió un interregno que el propio Jameneí zanjó con una carta en la que asegura haber cedido ante el presidente Masoud Pezeshkian a cambio de garantías. En paralelo, analistas como Payam Fazlinejad subrayan el peso estratégico del estrecho de Ormuz, que consideran un poder disuasorio superior al arma nuclear.
Mientras el Frente Paydari, vinculado al exnegociador Saeed Jalili, denuncia el acuerdo como una catástrofe, el reelegido presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, respaldó el memorándum de entendimiento. Los defensores de un pacto parecen imponerse en la lucha de poder interna, aunque la negociación sigue amenazada por la incapacidad de Trump para controlar las acciones de Israel en Líbano.
