Las lecciones agrícolas de Biosfera 2 para una granja en Marte

Fuentes: The Plight of the Martian Farmer

En 1991, ocho personas se encerraron durante dos años en Biosfera 2, un complejo de invernaderos sellado en las colinas al norte de Tucson, Arizona, para demostrar que era posible sostener vida humana en un sistema ambientalmente cerrado. La instalación, construida con fondos del magnate Space Biospheres Ventures y dirigida por John Allen, albergó un océano en miniatura con arrecife de coral, una sabana, una selva tropical, un desierto de niebla y una zona de cultivo. Los biosferianos cultivaron batata, plátano, remolacha, judía lablab, leche de cabra y少量 de huevos y pescado, dedicando unas tres cuartas partes del día a tareas agrícolas y domésticas.

El experimento reveló problemas crónicos: cucarachas australianas invasoras devoraron dos microondas, los ácaros destruyeron la cosecha de patata, y pulpos introducidos por accidente diezmaron especies del océano sin ser vistos. La atmósfera perdió oxígeno de forma sostenida y hubo que inyectar aire exterior a los 17 meses, récord absoluto de supervivencia en sistema cerrado. La dieta escasa provocó hambre constante, peleas internas y peleas por un plátano, ya que el único armario cerrado del complejo era el de los plátanos. Tras la primera misión, el proyecto pasó por manos de Steve Bannon, luego por la Universidad de Columbia y, finalmente, por la de Arizona, que hoy lo gestiona como laboratorio ecológico abierto a visitas.

El artículo contrasta dos filosofías para la agricultura en el espacio: la ingeniería minimalista de la NASA, basada en la gnotobiología y el cultivo de plantas aisladas de microorganismos, y el enfoque ecológico, que asume ecosistemas completos con sus plagas, fauna y dinámica propia. Biosfera 2 demostró que la opción cerrada es viable en principio, pero extremadamente difícil de sostener; en Marte, mantener un ecosistema agrícola funcional exigirá decisiones explícitas entre pureza biológica y resiliencia ecológica.