El neurocientífico Rafael Yuste, de la Universidad de Columbia, ha demostrado en experimentos con ratones que es posible leer la actividad del córtex visual y, mediante láseres holográficos, implantar imágenes directamente en el cerebro para inducir comportamientos concretos. El ratón percibe esas imágenes implantadas como si fueran reales y no distingue la diferencia con lo que ven sus propios ojos. La misma técnica que hoy se aplica a roedores podría aplicarse mañana a humanos, según advierte Yuste.
Los avances en interfaces cerebro-computadora se han acelerado en los últimos años. En 2023, un equipo de la Universidad de California liderado por el neurocirujano Edward Chang logró que Ann Johnson, paralizada desde hacía 18 años por un infarto cerebral, hablara de nuevo gracias a una rejilla de 253 electrodos implantados en su cerebro, capaz de traducir sus señales neuronales en frases a 78 palabras por minuto, acompañadas de un avatar con su propia voz.
En paralelo, técnicas no invasivas como la resonancia magnética funcional combinada con inteligencia artificial permiten reconstruir palabras, emociones e incluso las respuestas de votantes ante candidatos políticos. Investigadores de la Universidad de Texas tradujeron escaneos cerebrales en frases coherentes tras entrenar un modelo con podcasts. Estos sistemas comienzan a salir de los laboratorios hacia lugares de trabajo y hogares, y crecen las preocupaciones sobre su uso por parte de grandes tecnológicas para acceder y explotar datos mentales.
