Las compañías que desarrollan modelos de inteligencia artificial han abierto una vía insólita en sus plantillas: la contratación de filósofos, una profesión históricamente asociada a la docencia y con tasas de paro veinte veces superiores a las de Ingeniería Electrónica. Según datos publicados por EuropaPress en 2023, ese era el contraste laboral al que se enfrentaban los graduados en Filosofía, una situación que ahora se ha invertido.
El cambio se refleja en el mercado académico: en PhilJobs, las ofertas que mencionaban la IA pasaron del 1 % en 2013 a cerca del 16 % en 2025, muchas de ellas en puestos junior. Anthropic es el caso más representativo: la filósofa Amanda Askell lidera el equipo que da forma al carácter de Claude y en enero de 2026 publicó la llamada constitución del modelo, un documento de más de veinte mil palabras que fija sus valores y se utiliza en el entrenamiento. Google DeepMind contrató en abril de 2026 a Henry Shevlen, filósofo de la mente de la Universidad de Cambridge, con el cargo literal de "Philosopher". Sam Altman, CEO de OpenAI, ha reconocido que las respuestas de ChatGPT se elaboran tras consultar a cientos de expertos, incluidos filósofos.
La Asociación Filosófica Americana concede desde 2024 dos premios anuales de 10.000 dólares a investigaciones filosóficas sobre IA. Daniel Fogal, profesor de bioética en la Universidad de Nueva York, advierte en The Atlantic de que la moda puede empujar a publicar trabajo mediocre y de que el ritmo de la industria, con modelos nuevos cada pocos meses, choca con los tiempos de la buena filosofía.
