Las emisiones netas de Microsoft crecieron un 25% en su último ejercicio fiscal, pasando de unos 16 a unos 20 millones de toneladas de CO2, según el informe de sostenibilidad publicado por la compañía. En realidad, la empresa emitió 34 millones de toneladas y compensó la diferencia adquiriendo créditos de carbono, una cifra que la sitúa al nivel de países como Panamá o Lituania.
El aumento responde al despliegue masivo de centros de datos para inteligencia artificial y computación en la nube, incluidos los sistemas de OpenAI integrados en los productos de Microsoft. El grueso del impacto, alrededor del 96% de la huella total, procede del llamado Scope 3: materiales de construcción como acero y cemento, y los bienes y servicios asociados a la infraestructura de IA.
Las emisiones ligadas al consumo eléctrico se multiplicaron casi por diez entre 2024 y 2025, y la demanda se disparó hasta los 29,8 TWh en 2024 (un 26% más), comparable al consumo de Irlanda. Microsoft defiende su objetivo de ser una compañía "carbon negative" en 2030, pero la tensión entre su apuesta por la IA y sus metas climáticas es cada vez más evidente. Amazon (un 16%) y Google (un 18%) muestran tendencias similares.
