Las dudosas edades de los supercentenarios socavan la ciencia de la longevidad

Fuentes: Something Is Very Wrong with Modern Longevity Science

Un libro del investigador de Oxford Saul Justin Newman sostiene que muchas de las personas más ancianas del mundo no son tan viejas como dicen los registros, y que ese error sistemático contamina los estudios sobre envejecimiento. En 'Morbid: Debunking Modern Longevity Science' (M.I.T. Press), Newman reúne casos como el de Jiroemon Kimura, récord reconocido de hombre más longevo, fallecido en 2013 a los 116 años, cuya edad presenta irregularidades y cambios de nombre; el de Christian Mortensen, antiguo plusmarquista y fumador durante casi un siglo; el del venezolano Juan Vicente Pérez, sin documentación oficial hasta los cincuenta años; o el de Carrie White, cuyo récord dependía de un error administrativo. Newman demuestra con un experimento mental cómo pequeñas falsificaciones de edad se acumulan: suplantadores de 140 años registrados como cincuentones terminan por representar casi toda su cohorte a los 105. El problema afecta a políticas públicas como pensiones, seguros y gasto sanitario. En Japón, una investigación reveló que el 80% de los centenarios estaba desaparecido o muerto; en Grecia, el fraude masivo de pensiones obligó a revisar doscientos mil casos y dejó la cifra real de centenarios en una cuarta parte. El artículo también señala que la edad, a diferencia del peso o la estatura, carece de una medición exacta en el cuerpo humano.