Un estudio publicado en la revista Science reconstruye, a partir de cámaras trampa que nunca dejaron de grabar, cómo reaccionaron once especies de la zona de exclusión de Chernóbil durante la ocupación rusa de 2022. Las cámaras, instaladas en 2020 por la conservacionista ucraniana Svitlana Kudrenko para estudiar lobos, linces, ciervos y zorros, siguieron activas mientras los soldados, tanques y explosiones atravesaron el bosque, ofreciendo un experimento involuntario y sin precedentes.
Los resultados muestran respuestas desiguales: los corzos, especialmente sensibles, redujeron drásticamente sus apariciones; los ciervos rojos, en cambio, se detectaron con más frecuencia, posiblemente porque huyeron de las zonas abiertas hacia áreas boscosas donde se concentraban las cámaras. Además, modificaron sus hábitos: se volvieron más activos de día y menos de noche, y liebres y zorros también alteraron parte de su actividad nocturna, reapareciendo las liebres los días en que los satélites detectaban incendios.
Los lobos y los linces euroasiáticos apenas mostraron cambios, aunque los investigadores reconocen que fueron fotografiados con mucha menor frecuencia, lo que limita las conclusiones. El trabajo cruza las imágenes con testimonios de residentes y datos satelitales, y recuerda que los conflictos armados destruyen hábitats, provocan incendios y contaminan los ecosistemas.
