Jean-Baptiste Lamarck, históricamente reconocido por su teoría de la evolución, también desempeñó un papel fundamental en la meteorología y la democratización de la ciencia. A través de su libro The Power of Life, se revela cómo su enfoque para la clasificación de fenómenos naturales no buscaba la exclusividad académica, sino la participación pública.
La explicación principal gira en torno a la innovadora clasificación de nubes que Lamarck desarrolló a partir de su observación directa desde una ventana en París. En 1777, dividió las nubes en cinco tipos utilizando términos franceses accesibles como "en voile" (velado) o "en balayures" (barriendo). Esta decisión contrastaba con la de Luke Howard, quien utilizó términos latín (cirrus, cumulus, stratus) que se convirtieron en el estándar internacional. Lamarck argumentaba que la ciencia debía ser un hobby para todos, no solo para la élite, y por ello creó un "atlas de nubes" y publicó anuarios meteorológicos que invitaban a lectores aficionados a anotar sus propias observaciones.
Técnicamente, Lamarck implementó un sistema de predicción basado en la influencia de la Luna. Sus anuarios incluían columnas detalladas para "epoch of changes of constitution", donde registraba la posición lunar (apogeo, perigeo) y sus efectos gravitacionales sobre la atmósfera, conceptos que hoy se conocen como "mareas atmosféricas". Además, dividía las estaciones en fases solsticiales y medianas para refinar sus pronósticos.
Este enfoque tuvo aplicaciones prácticas para los "amigos de la naturaleza" del siglo XIX, quienes se convirtieron en ciudadanos científicos participando en la recopilación de datos. Sin embargo, es importante considerar que su teoría lunar, aunque precursora, tenía limitaciones frente a la meteorología moderna. Asimismo, su clasificación de nubes, aunque más inclusiva, fue superada por la terminología técnica de Howard, demostrando que la accesibilidad no siempre garantiza la adopción estándar en el ámbito científico.
