Los laboratorios de inteligencia artificial deben iniciar la financiación activa de la investigación histórica, argumenta un experto que destaca el potencial de los modelos de frontera como GPT-6 Sol y Opus 5.5 para resolver problemas históricos complejos. A diferencia de las tareas de transcripción, estas herramientas permiten a los historiadores abordar desafíos específicos que requieren razonamiento multilingüe, análisis de grandes conjuntos de datos y la capacidad de escribir código personalizado. El autor identifica tres áreas clave donde la IA ha demostrado eficacia: la criptografía y el descifrado de mensajes históricos, como el caso del mensaje Enigma de 1941; la trazabilidad de textos a través de traducciones y adaptaciones; y la conexión de hallazgos dispersos en subcampos de la historia que no estaban integrados en la scholarship. Un ejemplo destacado es el uso de GPT-6 Astra para identificar un mensaje de radio aleman de 1941 que resistía el descifrado humano, un logro que el investigador Frode Weierud describe como un avance significativo. Además, el análisis del manuscrito codificado de John Dee reveló que el texto no era realmente un código, sino que contenía patrones de repetición que el modelo detectó, aunque el resultado no constituye un avance comparable a la resolución de problemas matemáticos fundamentales. El autor concluye que la combinación de conocimiento experto, modelos de frontera y cómputo masivo puede generar resultados inesperados, abogando por una colaboración estructurada entre historiadores, desarrolladores de IA y agencias de financiación.
