Un estudio del Institute for Systems Biology, publicado en Cell Reports Medicine y liderado por Sean Gibbons y Johannes Johnson-Martinez, analizó datos clínicos, genéticos, microbiológicos y de estilo de vida de 1.400 adultos sanos para determinar cómo influye la frecuencia defecatoria en la salud. Los investigadores identificaron una franja óptima de entre una y dos deposiciones diarias, a la que bautizaron como “zona Ricitos de Oro”, caracterizada por una dieta rica en fibra, ejercicio regular y buena hidratación, donde el equilibrio del microbioma y los marcadores fisiológicos es óptimo.
Los resultados revelan que tanto el estreñimiento crónico como la diarrea frecuente alteran ese equilibrio. Cuando las heces permanecen demasiado tiempo en el intestino, los microbios dejan de fermentar fibra y comienzan a fermentar proteínas, generando toxinas como el p-cresol sulfato y el indoxil sulfato, asociadas a peor función renal. En el caso de la diarrea, las heces apenas transitan por el intestino, lo que se relaciona con marcadores de daño hepático. Los autores también observaron vínculos entre la frecuencia defecatoria, la ansiedad, la depresión y el riesgo de enfermedades crónicas, como trastornos neurodegenerativos.
Los investigadores subrayan que una frecuencia distinta a la óptima puede ser puntual, pero cuando se cronifica conviene consultar a un especialista, revisar la dieta y el estilo de vida. Además, estudios previos sugieren que el momento del día también importa: defecar unos 30 minutos después de despertar coincide con la activación del colon tras la noche.
