La zapatilla de punta, un diseño casi inalterable desde hace un siglo

Fuentes: Why Has the Pointe Shoe Been So Resistant to Change?

La zapatilla de punta apenas ha cambiado desde principios del siglo XX: suele ir cubierta de satén, con plantillas reforzadas y una caja fabricada con tela, papel y pasta. Pocas propuestas se han alejado de esa estructura básica, a pesar de los avances en tecnología y medicina deportiva. Este artículo examina las razones de esa resistencia a la innovación, desde los costes de fabricación y la tradición hasta la presión estética y la influencia de directores y docentes, y repasa los intentos más recientes de rediseño.

En 1993, Gaynor Minden introdujo cajas y cambrillones de polímero, y desde entonces marcas como Bloch, F.R. Duval y Nikolay lanzaron modelos híbridos. Sansha creó en 2006 cambrillones intercambiables, una idea que luego adoptó Só Dança, y el divulgador científico Bill Nye patentó su propio modelo en 2005. En 2023, la empresa alemana act'ble presentó act'Pointe, una zapatilla impresa en 3D y tejida, con suela de elastómero y una piel compresiva que cubre todo el pie, diseñada para responder a lesiones y mejorar el rendimiento.

Sin embargo, la estética tradicional sigue siendo una barrera: los modelos no convencionales se venden peor porque no encajan en la imagen clásica del ballet. Muchos bailarines profesionales rechazan las zapatillas sintéticas por inercia o por influencia de sus directores, y los fabricantes, a diferencia de grandes marcas deportivas, carecen de presupuesto para asumir prototipos ni para que los minoristas almacenen modelos desconocidos. A esta situación se suma el retroceso de las gamas inclusivas de tonos: tras el impulso de 2020 ligado a Black Lives Matter, varias marcas redujeron su oferta por los altos costes de producción y la caída de las iniciativas de diversidad, lo que deja a muchos bailarines negros y morenos sin opciones adecuadas en las tiendas.