Margaret Owen, viuda del ganadero Islwyn Owen, fallecido en septiembre de 2024 tras caer en un pozo de purín en la explotación Cefn Bodig, en Llanycil (Bala, Gwynedd), ha alertado del estrés que soporta el sector tras conocerse que un padre y su hijo murieron en circunstancias similares en Chester. Islwyn, de 76 años, sufrió asfixia y graves lesiones en el brazo y el pecho al caer desde un muro bajo mientras ajustaba maquinaria; un vecino encontró su cuerpo 90 minutos después de denunciarse su desaparición.
Margaret ha explicado que su marido estaba preocupado por la meteorología adversa y por la normativa del Gobierno galés que prohíbe esparcir purín entre mediados de octubre y enero, una restricción que el ministro de Medio Ambiente, Llyr Gruffydd, ha mostrado voluntad de revisar tras la llegada al poder de Plaid Cymru.
Las cifras de la Health and Safety Executive (HSE) registran 22 trabajadores muertos en explotaciones agrícolas británicas en 2025-26, la cifra más alta en una década y solo superada por los 27 fallecidos en la construcción. La tasa de mortalidad en el campo, sin embargo, es siete veces superior por cada 100.000 trabajadores y 21 veces mayor que la media del conjunto de industrias. "Parece que las cosas van de mal en peor", declaró Margaret, que tuvo que vender el ganado familiar y arrendar la mayor parte de las tierras tras la muerte de Islwyn.
