La violencia política en Estados Unidos ha dejado de ser un fenómeno marginal para convertirse en una característica recurrente de la vida política nacional, afectando a legisladores de ambos partidos. Casos recientes como las amenazas contra la representante demócrata Pramila Jayapal en 2022 y la dimisión de la representante republicana Marjorie Taylor Greene en 2025, motivada por amenazas a su familia, ilustran esta tendencia. Según el análisis de Wired, la evidencia sugiere que la violencia política ha alcanzado niveles no vistos desde los disturbios de los años 60, con una distribución más equilibrada entre izquierda y derecha, aunque la violencia de extrema derecha sigue siendo más frecuente y letal en términos de ataques a instituciones y elecciones.
El artículo argumenta que la narrativa dominante que atribuye la violencia exclusivamente a la extrema derecha o a la extrema izquierda es simplista. Los datos de evaluaciones federales y bases de datos de terrorismo indican que, tras una caída de casi dos décadas tras los años 90, la violencia política aumentó drásticamente a partir de 2016. Esta escalada se debe a la 'violencia populista', caracterizada por identidades endurecidas, amenazas existenciales percibidas y la erosión de la confianza institucional. Además, el texto destaca que la definición académica de violencia política es crucial para distinguir entre actos criminales, protestas legítimas y violencia política, ya que la ambigüedad en la intención y los objetivos de estos actos genera discrepancias en los datos estadísticos y en la percepción pública.
