El artículo analiza la tendencia predominante en la comunidad de bloguistas racionalistas, caracterizada por textos extensos y excesivamente detallados que priorizan la complejidad técnica sobre la claridad argumentativa. El autor, tras comparar su propia obra con publicaciones de figuras como Scott Alexander y Eliezer Yudkowsky, identifica la verbosidad como un mecanismo de compensación para la falta de rigor en la selección de ideas. En lugar de cuestionar las premisas fundamentales o ampliar el contexto filosófico, estos autores añaden capas de matices y referencias, creando una ilusión de profundidad mediante la cantidad de texto. Un caso citado es el de Gwern, quien dedicó 9.000 palabras a argumentar que la nicotina no es adictiva, una afirmación que la evidencia científica posterior ha desmentido. El texto concluye que esta cultura valora la novedad y la heterodoxia como métricas de calidad, ignorando la discreción y la sabiduría práctica, que implican saber qué ideas merecen ser exploradas y cuáles no.
