La venta de datos de los automóviles a terceros se ha vuelto un tema de atención pública tras la penalización de General Motors por la FTC. La compañía GM había recopilado datos de conducción de sus clientes y los vendía a brokers de datos para generar perfiles de riesgo para la industria de los seguros. Esta práctica, activa desde 2023, generaba riesgos significativos para la seguridad y la privacidad de los consumidores.
Un informe de investigación de The New York Times en 2024 reveló que los datos de conducción de GM aumentaban los precios de las coberturas de seguro para los conductores. Además, la empresa no tenía transparencia adecuada sobre la recopilación de datos, y muchos clientes no sabían que su información personal se compartía con terceros.
La FTC impuso una prohibición de cinco años a GM por esta conducta. La empresa debe ahora facilitar el acceso y la eliminación de los datos de los consumidores y permitir que el usuario desactive la rastreización de ubicación.
No es la única compañía en este sector. Un equipo de investigadores de Mozilla examinó las políticas de privacidad de todas las grandes marcas automóviles y concluyó que todas las corporaciones privaban la seguridad y la privacidad de sus clientes. Los consumidores se veían obligados a aceptar políticas de privacidad complejas y confusas en múltiples sistemas de vehículos conectados.
En respuesta a estas preocupaciones, un grupo de Republicanos introdujo la ley DRIVER, que busca restaurar los derechos de los consumidores sobre los datos de vehículos. Sin embargo, esta ley no detiene la venta de datos; solo permite que los automóviles continúen recopilando información para terceros.
La política de la administración de Donald Trump, a través de la Secretaria de Transporte Sean Duffy, ha introducido el concepto de 'la libertad car', que busca prohibir que los automóviles incluyan sistemas de conducción automatizada o transmitan datos de forma remota. Esto busca revertir la tendencia de los automóviles a integrar sensores y sistemas de rastreización de datos en sus interiores.
La situación actual es de difícil resolución legislativa. Los consumidores buscan vehículos más básicos y sin sensores de rastreización de datos, mientras que las empresas automotrices mantienen la práctica de recopilar información para obtener beneficios económicos. La privacidad en los vehículos conectados se ha vuelto un tema de menor relevancia para los consumidores debido a la complejidad de entender las políticas de privacidad dispersas entre diferentes sistemas de la marca.
